«La ardiente oscuridad de las cosas»

Hoy les quiero contar sobre un libro que me acompañó durante más tiempo de lo acostumbrado. Podría esgrimir como razón cierta y en parte válida estar atravesando esos famosos y nada épicos caminos docentes repletos de correcciones, planillas y demenciales eventos de fin de curso. Esa podría ser una excusa, pero la verdadera razón por la que el libro de Juan Mattio “Materiales para una pesadilla” me acompañó durante varios meses, es que en cada una de las lecturas, en los momentos que podía concentrarme para leer encontraba alguna cita o algo que me parecía relevante y que debía registrar porque generaba en mí diferentes cosas: sorpresa ante una determinada situación o reflexión, necesidad de recurrir a las fuentes que se mencionan constantemente y una admiración profunda por el trabajo minucioso y profundo del autor. Bajo el concepto de montaje literario lo que hace Mattio es de alguna manera juntar materiales, fragmentos en apariencia inconexos de forma orgánica en función de una trama para  reunir sus experiencias como lector y para construir sus obsesiones como escritor.

“El lenguaje no nombra sino que expresa, la palabra delira para tratar e comunicar la experiencia privada de la desesperación. Pienso, entonces, en una novela que funcione como una caja negra”

Juan Mattio – Materiales para una pesadilla

Y una vez terminada la lectura el libro siguió tercamente acompañándome mientras buscaba la manera de explicar o de contar en este espacio por qué este libro me resultó extraordinario en el más amplio sentido del término. Paradójicamente la respuesta la encontré en otro libro de Mattio, “La sombra de un jinete desesperado”, un libro de ensayos en el que plantea, por un lado, que el lector aprende a leer de otra manera en cada nueva obra, algo que él denomina “modulaciones”. En este caso la novela que nos convoca me interpeló como lector, me obligó a otro tipo de búsqueda, generó otras emociones y sobre todo otros miedos.

Por otro lado, Mattio también plantea que “todo movimiento interpretativo debe indagar en eso que llamamos materias primas”. En este caso él lo hace en la obra del admirado Phillip Dick, rastreando los tópicos centrales de sus obras. Entonces, para aproximarlos a la lectura de este gran libro tomo esa clave y busco esos materiales, esas obsesiones que se repiten y dialogan a lo largo de toda la obra.

Puedo distinguir en Mattio tres o cuatro tópicos o ejes que se van entrelazando en la novela de una manera para mí maravillosa: por una lado porque la obra también es un ensayo sobre cómo se escribe una novela, cuáles son sus límites y qué se pone en juego al escribir:

“La escritura en cambio es un recorrido solitario donde nadie puede acompañar a nadie, uno escribe para aprender a estar solo”

“La escritura es la casa de la tristeza, una casa abandonada acosada por el tiempo sin posibilidad de experiencia actual, porque la escritura siempre sucede en el pasado. Una casa inhabitable para las personas sanas”.

Juan Mattio – Materiales para una pesadilla

Un segundo eje, esta vez más ligado a la trama, es la historia de la construcción de una máquina que en este caso es un poco el hilo conductor que se conecta directamente también con la historia, porque en las conversaciones del narrador con Katy, su amiga, una persona que está muriendo y está ciega (detalle no menor en la historia) habla de la investigación sobre el origen de un mudo virtual que en algún momento comienza a tener una conciencia propia a través de la construcción de su creadora Haruka, una especie de rockstar de la programación en un futuro demasiado cercano, alguien que logra en algún momento construir un mundo virtual a partir del rechazo a las normas del mercado.

Ese mundo se construye a través de la memoria, el otro eje importante en la historia. A través de una investigación de cómo se elabora el recuerdo en el ser humano y cómo esa memoria se trasladó de alguna manera también a la construcción del ciberespacio sobre la base de todos los rastros que nosotros dejamos en las redes.

“Articular históricamente el pasado no significa conocerlo tal y como verdaderamente fue. Significa adueñarse de un recuerdo tal como relumbra en el instante de un peligro”

Walter Benjamin

Dentro de lo que podríamos denominar un eje histórico, Katy y luego Keiner rastrean en la construcción de ese ciberespacio y su evolución hasta el año 2040 donde se sitúan temporalmente los personajes. En la novela aparecen rastros de la construcción de una máquina que supuestamente fue un dispositivo construido para espiar en la década del 70 a los «grupos subversivos». Esa máquina diseñada durante la dictadura encuentra también antecedentes en otras maquinarias de espionaje que encuentran su origen en la Ojrana, servicio secreto del zar, cuyas metodología serían luego tomadas por la KGB y la Cia.

La dictadura toma esas prácticas y piensa en la construcción de una máquina de rastreo y exterminio del enemigo. En el intento de perfeccionamiento del dispositivo aparecen los límites de la interpretación del lenguaje basado en la búsqueda de la repetición de patrones y de palabras clave para detectar las actividades del enemigo. Pero eso no es suficiente, porque lo que se necesita es buscar en otro aspecto de la lengua, un aspecto más profundo que solamente puede ser detectado por alguien que puede ir más allá de esas limitaciones y buscar claves en los significantes, en lo sugerido, en lo no dicho. 

“Una máquina intangible al servicio de la muerte hecha por escritores”

Juan Mattio – Materiales para una pesadilla

Para dar sustento a la investigación se intercala constantemente un capítulo llamado “La isla de los muertos” en los que se cuenta la historia de personas que han perdido familiares y que en la obsesión por querer recuperar algo los buscan en ese ciberespacio en esos Bots que han guardado la información. La gran pregunta de este eje es ¿qué información es la que se guarda? ¿Cómo trabaja la memoria del ser humano y cómo trabaja la memoria de la máquina?

“Una memoria también todo el olvido y todo el secreto y todo el silencio del que somos capaces”

Juan Mattio – Materiales para una pesadilla

Considero fundamental abordar un último tópico esencial y que aparece como un fantasma en algunas partes de la novela: me refiero al tono de melancolía que subyace en cada hecho pasado, presente y de un hipotético futuro. El narrador, al haber perdido a la persona más cercana que tenía y también al mencionar la pérdida de su madre, víctima de la locura, reflexiona constantemente sobre esas pérdidas. Entonces, cada intervención suya es una intervención de una profunda melancolía peligrosa y abismal.

Esa desazón que recorre el texto y las constantes referencias a autores y producciones de culto enriquecen la trama y la iluminan: una película de John Carpenter, un texto de Alan Moore, una referencia a Tarkovsky, un disco de Tom Waits, una frase de Tzara o de Benjamin son algunos de esos puntos luminosos en medio de tanta oscuridad y que sirven para tratar de reconstruir alguna manera de qué manera funciona la memoria, cómo se articula la pobreza del lenguaje frente a la experiencias de la muerte y cómo ese intento de reconstruir la vida en una especie de mundo virtual no alcanza y que nunca alcanzará para reconstruir el mundo en el que vivimos y sus horrores.

“¿La palabra dolor define el dolor? ¿Qué relación hay entre la palabra dolor y el dolor? Evidentemente las palabras no expresan, dicen; no hay expresión de dolor en la palabra dolor. Este es el límite de las palabras”

Ludwig Wittgestein

Finalmente, el título que precede a este homenaje, “La ardiente oscuridad de las cosas” es una frase que pertenece a un pequeño poema escrito por el narrador en esos momentos terribles de melancolía. Y cuando hablo de la ardiente oscuridad me refiero nuevamente a eso que atraviesa toda la novela; una oscuridad de lo no dicho, lo escondido detrás de la locura, de la no aceptación de lo perdido, de una alienación que no es más ni menos, según Alan Moore, una puerta de salida del mundo real y de ese indolente doble  llamado ciberespacio, un mundo que se cierne sobre nosotros y que cada vez ocupa más lugar en nuestros vacíos existenciales.

“Nadie puede escapar de la máquina. Sólo la máquina puede darte la posibilidad de escapar del destino”

Tristán Tzara

Advertidos fueron, potenciales lectores de esta gran novela, sobre la entrada a este mundo inquietante. Queda bajo su absoluta responsabilidad abrir esta puerta, porque reconocernos en esa ardiente oscuridad no tiene vuelta atrás; ya estamos a merced de la máquina en la que suelto estas palabras.

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