Salmo I

cardenal

Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas

del Partido

ni asiste a sus mitines

ni se sienta a la mesa con los gangsters

ni con los generales del consejo de Guerra.

Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano

ni delata a su compañero de colegio.

Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios

comerciales

ni escucha sus radios

ni cree en sus slogans.

Será como un árbol plantado junto a una fuente.

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Yo he repartido papeletas clandestinas,

gritado VIVA LA LIBERTAD! en plena calle

desafiando a los guardias armados.

Yo participé en la rebelión de abril:

pero palidezco cuando paso por tu casa

y tu sola mirada me hace temblar.

Ernesto Cardenal

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