Días otoñales

«Hay días en los que el pasado se presenta desnudo»

Beatriz Guido – La casa del ángel

Días en los que la tristeza tiende sus redes, se agazapa, espera. Espera el paso en falso, el descuido. Son días en los que el abismo cambia de lugar y de forma. A veces es una palabra dicha fuera de tiempo o frases que juntó el silencio. A veces creo que está en el aire, o en un recuerdo desnudo. De nada sirve estar en guardia.

Y otros días es el mundo y su andar suicida. Son las lágrimas de un niño que en lugar de reflejar el azul del cielo replica la lluvia de la muerte. Finjimos tristeza. Nos indignamos. Pero todo pasa lejos. Y si a la muerte se le ocurre andar cerca las paredes brillantes nos mantienen inmunes.

«Y pasaba ante casas de ventanas oscuras y parecía como si pasease por un cementerio; sólo unos débiles resplandores de luz de luciérnaga brillaban a veces tras las ventanas. Unos repentinos fantasmas grises parecían manifestarse en las paredes interiores de un cuarto, donde aún no habían cerrado las cortinas a la noche. O se oían unos murmullos y susurros en un edificio sepulcral donde aún no habían cerrado una ventana».

Ray Bradbury – El peatón

Y hay días de tristeza silenciosa, lejos de las bombas, una tristeza que exprime las mesas con el genocidio callado del hambre. Y en esos días nos decimos que nada está a nuestro alcance. Y seguimos, porque siempre puede ser peor, a pesar de la tristeza de los ojos ocultos por las pilas de cartón, de las bolsas de basura rasgadas todas las mañanas, de la mano temblorosa que en un semáforo nos pega en el mentón, del barrio inundado, del remedio que no llega…

Son días tristes en los que nos mienten y aceptamos esa mentira porque siempre es más tibia que la verdad.

Y hay días de canciones tristes y nos damos cuenta que no estamos tan solos, días en los que el hombre de Illinois nos dice que esta puede ser la última noche del mundo y ya no importa; días en los que se busca refugio en la ferocidad de los espejos.

Pero tampoco alcanza.

Porque todo se repite hasta el cansancio, siempre son los mismos fantasmas que vuelven y que ni siquiera dejan que nuestras manos se marchiten en paz. Y la indignación es la misma, porque todo parece pasarle a otro, hasta que nos pasa y nos damos cuenta que somos uno solo dándole de comer al dueño de nuestras vidas, al que nos hizo creer que el enemigo es el que vive del otro lado del vidrio.

Quizás, un día de estos, la tristeza se convierta en rabia, el miedo se mude de barrio y se pegue una vuelta por la casa de los que dicen ser dueños de lo que desprecian. Y que de una vez por todas el pasado no vuelva desnudo.

«Nadie nos advierte, pero el infierno vive en nosotros bajo la forma de la Indiferencia»

Leila Guerriero – Supongo – Teoría de la gravedad

Un comentario sobre “Días otoñales

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  1. Quería escribir un comentario y no pude por un buen rato, con la boca abierta, de lo impactada que estaba. No tengo palabras. Simplemente increíble. Es triste de una manera muy interesante. Increíble.

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