Imagen: Museo Archeologico di Napoli (CC)
«Me había austado tanto que empecé a ver hormigas verdes en la pared y criaturas dentro de mi armario, y en ese preciso momento fue cuando hice un pacto con los monstruos: sin son buenos conmigo y me dejan ir al baño, les dedicaré toda mi vida»
Guilermo del Toro
Es menester en estas fechas hablar de algo que de a poco se fue incorporando a nuestras vidas y que por las más diversas razones genera que se hable con mayor o menor seriedad del tema. Me refiero al ahora no tan foráneo festejo de Halloween. Sé que muchos ante su sola mención, alzan voces de disconformidad bajo el argumento para nada descabellado del origen de dicha festividad, del aprovechamiento económico de la industria, de cuestiones socioculturales ligadas al concepto de penetración cultural y otros tantas razones más que atendibles. Pero ya que estamos en sus vísperas y me tomé el trabajito de consultar diversas fuentes, todas ellas arrimadas por el dios cibernético que nos rige y al que sí le tendría un poquito más de miedo que al hombre lobo, propongo que nos demos una vuelta por sus orígenes y las posibilidades lúdicas que nos abre este mundo tenebroso.
Lo más cercano al posible origen de esta festividad que se conoce en el mundo occidental es lo que los romanos denominaron Mundus patet, conformado por unos determinados días del año en los que se debía abrir la puerta que permitía que las almas difuntas volvieran a la tierra. En Roma existió un lugar especial, justo en el centro geográfico de la ciudad, en el se había construído un edificio de piedra que funcionaba como punto de conexión entre ambos mundos. Las fechas en los que dicho portal se abría eran el 24 de agosto (cumpleaños de quien suscribe), el 5 de octubre y el 8 de noviembre. En tales fechas se recomendaba a la población mantenerse encerrados en sus casas y no asistir a ningún espectáculo público, ya que como se liberaban espíritus buenos, también pululaban en busca de víctimas los larvae y los maniae.
Muy conectada a esta tradición y como heredera por su proximidad en el período de expansión del imperio romano, encontramos a los antiguos celtas y lo que llamaban el Samhain, época en que la línea que une este mundo al de los muertos se estrechaba y permitía a los espíritus buenos y malos pasar de un lado a otro. Justamente para ahuyentar a estos últimos, los celtas utilizaban máscaras como protección, tradición que podemos identificar en el uso actual del disfraz. La época de conmemoración correspondía para esta cultura en lo que luego se denominó el All Hallow Eve (Víspera de todos los santos, 31 de octubre), palabra que derivaría en el actual Halloween.
Pero más allá del desarrollo histórico y las posibles conexiones con la actualidad, quiero centrar esta pequeña digresión en una figura que desde sus orígenes ha tenido la virtud de convertirse en uno de los pocos seres con los poderes para custodiar y a veces romper esa delgada linea entre mundos: las brujas. La figura que de alguna forma se convirtió en una referencia en la construcción del imaginario de estos seres enigmaticos fue Hécate, diosa griega asociada a la luna, la magia, la brujería y a las criaturas de la noche, especialmente a los perros infernales y los fantasmas. Se la suele ver representada con tres caras como guardiana de las fronteras y de las encrucijadas, justamente el límite entre mundos tan inestable en estas fechas.
Por otro lado, la mitología escandinava nos presenta a las Nornas (parcas), representadas en una trilogía que representan el pasado, el presente y el porvenir, tres doncellas junto a una fuente al pie del árbol Yggdrasil, seres que, según Borges, «urden inexorables nuestra suerte». Es Shakespeare quien las trae en Macbeth bajo el nombre de Hermanas fatales (Weird sisters), para marcar el destino trágico de los hombres y sus ansias de poder. Ellas invocan a su madre Hécate y logran a través de sus designios sembrar en Macbeth y sobre todo en su esposa el germen que hace de los mortales los verdaderos monstruos de esta historia.
Unos cuantos años antes que las bellas palabras de Shakespeare mostraran al mundo los más altos atributos del hombre y sus peores miserias, dos sacerdotes católicos, Kramer y Sprenger, publicaban en Alemania el terrible Malleus Malleficarum o El martillo de las brujas. Se trataba de un detallado tratado para identificar, interrogar y castigar las prácticas de brujería, con una serie de métodos que ni siquiera la iglesia había aprobado oficialmente, pero que fue el vehículo perfecto para llevar a cabo el proceso de la contrarreforma. En definitiva aquel libro no fue más que una excusa para derrumbar todo aquello que era considerado pagano y que hacía peligrar el poder de la iglesia. Cualquier motivo era suficiente para someterlas a las peores atrocidades, pero el verdadero castigo, lo monstruoso de esos seres era simplemente algo que marcaría el rumbo de nuestra civilización occidental hasta nuestros días: el castigo a lo diferente, a aquello que se sale de la norma.
De allí en más hasta nuestros días se construyó en el imaginario la figura de un ser que ocultaba toda su fealdad con sus hechizos y era capaz de convertirse en un ser sensual para atraer y someter las pobres almas de los hombres, capaz de alimentarse de niños y con el poder de romper los límites entre mundos con la intención de dejar libres a los peores seres del infierno, a quienes adoraban con devoción.
Y ahora, en estos días plenos de máscaras que, en palabras de la monstruosa Lady Macbeth, nunca dejan el alma desnuda, en estos días en que los niños juegan a ser esos monstruos que perturbaban nuestras noches de la infancia, propongo alejarnos de esos miedos e invitarlos a nuestra mesa. Vuelvo a las palabras de Guillermo del Toro, pactemos con ellos, busquemos a aquel que en el gris de las primeras luces del día se avalanzaba en sueños para devorarnos, rompamos la línea que separa aquel mundo de la triste tierra que habitamos, porque en el mundo de ellos, de los que nos acechan desde las sombras, están los que pueden ser nuestros aliados y guardianes contra aquellos monstruos disfrazados de hombres y mujeres que pintan el mundo con el falso color de la normalidad.
«Pero hay que ver cuántos monstruos que no llegan a tomar forma asolan la vigilia de los hombres»
Ricardo Romero – El Spleen de los muertos
Por tal motivo invoco a las brujas del mundo a que monten sus escobas y abran las puertas a los seres que acechan los sueños de los mentirosos, que se abra la tierra para que todos los habitantes confinados a las sombras del olvido y bailen sin parar bajo la luz de la infernal de Hécate y de sus hijas dilectas. Dejen que el mejor Hyde recorra los tejados, lean las cartas en las que el Conde muestra su dramática historia de amor, deleiten sus oídos con el aullido de los condenados a la licantropía, descorran el velo para que los espejos revelen la atroz figura de Dorian o de Ligeia, recorran los escalofriantes pasillos de la mansión Usher.
En fin, que sea una noche mortalmente feliz para las brujas de acá y de más allá y para aquellos que conjuramos este cruel mundo con el hechizo de las palabras.
PD: aviso para aquellos fosfóreos desnortados que quieran esta noche dibujar estrellas en el piso, encender velas negras o dar vuelta una copa: con abrir un libro y dejar que la imaginación invoque a las sombras es suficiente. Saludos
Fuentes:
Mundus Patet, el Halloween de la Antigua Roma, extraído de https://historia.nationalgeographic.com.es/a/mundus-patet-halloween-antigua-roma_15828
Samhain, la fiesta celta que está en el origen de Halloween, extraído de https://historia.nationalgeographic.com.es/a/samhain-fiesta-celta-que-esta-origen-halloween_18583
Borges, Jorge Luis – El libro de los seres imaginarios – Ed. Sudamericana
Hernández Luciano – Diccionario universal de criaturas fantásticas – Ediciones Winograd

Buen momento para llamar a las brujas! Con razón el escritor nació el 24 de agosto! Muy buena reflexión 😄
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